Itaparica e Isla dos Frades

10 de marzo de 2010

Nos despertamos temprano, a las seis de la mañana, el sol iluminaba todo Salvador, por la ventana veías gente camino a su trabajo, otros durmiendo por ahí, por donde los agarro la noche y la droga. En Bahía, el equivalente a la pasta base esta haciendo estragos, como acá.

Luego de una corta espera en la recepción del hotel, donde presenciamos como el encargado “rociaba” a una empleada porque siempre llegaba tarde. Nos subimos a la camioneta que nos llevaría al puerto para embarcarnos en un scuna rumbo a Itaparica e Isla Dos Frades.

El puerto es un lugar chico, bullicioso, con los turistas se entreveraban aquellos que venían a trabajar, al continente.

Cuando partimos en el scuna, conocimos a “Chico” un camarografo bastante particular, muy simpático, muy verborrágico también, un show aparte el hombre.

El hecho como éramos los únicos uruguayos y a “Chico” le caímos muy bien….a cada rato teníamos la cámara enfocándonos y pidiendo alguna palabra nuestra, ni el Pepe Mujica comió tanta cámara el primero de marzo.

Durante el viaje, degustamos frutas tropicales y agua, prolijo lo nuestro. Podías tomar cerveza y cócteles pero nos abstuvimos, no queríamos hacer papelones.

Para hacer ameno el viaje, la tripulación desplegó su repertorio de temas musicales bahianos que te hacían mover aunque no quisieras…salvo el holandes frente nuestro que parecía estar en una nube de pedo, ajeno a lo que pasaba alrededor.

Como no podía ser de otra manera, un grupo de chicas se pusieron a bailar, algunas por que el ritmo las llevaba y otras para hacerse ver.

Todo iba bien para estas bailarinas, hasta que una hermosa mulata se sumo al baile, si la envidia matara, esa chica caería por la borda acribillada. ¡¡Que gracia, que movimiento!! En definitiva dio cátedra sin querer queriendo la mulata, como diría el Chavo del 8.

No todo era joda, con Marie nos dedicamos a la observación de los rituales de galantería y coqueteo del bicho humano. A cada espécimen, le adjudicamos un nombre para poder identificarlo en nuestra observación de campo. La conclusión fue interesante, cuando los hombres nos hacemos los cancheros, y los ganadores, más somos los palomos mais grande du mundo.

La mujer alfa de aquel grupo, se los comió crudo a todos los hombres que se fueron a las duchas para refrescarse en todo sentido.

Quedamos maravillados cuando vimos la Isla Dos Frades (llamada así porque los primeros habitantes fueron frailes), era sencillamente hermosa, recordé un pedazo de aquella canción que decía: “…cuando Dios creo el Eden, pensó en América”.

Luego de pasar por una especie de peaje que te cobraban unos reales para ingresar a la isla, recorrimos un camino de piedra que nos llevaba a la playa, a un costado nos recibía una imagen de Iemanjá y del otro un bello paisaje que lo contemple en silencio sagrado, la madre naturaleza es una artista exquisita, no cabe la menor duda.

La playa es realmente hermosa, ese día el sol caía de lleno, bañarse en esas aguas verdes y cristalinas fue muy placentero y relajante, daban ganas de quedarse allí todo el día.

El único inconveniente eran los baños, para usarlos tenias que subir un repecho que se te iban las ganas de todo, así te hayas tomado una caja de laxantes.

Allí hice mi primera compra regateando tal cual lo aprendí de mi maestra, Marie, me compre un lindo caracol y un coral a precio regalado.

Después de allí fuimos a Itaparica, donde conocimos a “Neginho”, que nos llevaría a conocer la isla. Su aspecto era medio “planchun”, pero como dice el refrán, el hábito no hace al monje. Neginho resulto ser un guía fuera de serie, manejaba cinco idiomas a la perfección, su nivel cultural era envidiable. Además estuvo viviendo en Uruguay donde contrajo una terrible enfermedad: “Peñarolitis Aguda”.

Nos lleno de orgullo el Neginho, porque a cada rato hacía referencia al Uruguay, cuando hablo de Vinicius De Moraes y de algunas tradiciones africanas en común.

Recorrimos las calles de la ciudad histórica de Itaparica, visitando casas, un fuerte y la fuente de vida.

Allí en la fonte da vida, cuenta la leyenda que quienes bebieran de esa fuente rejuvenecerían, además de obtener salud y prosperidad.

Me prendí del grifo de la prosperidad, mientras gritaba ante los sorprendidos compañeros de viaje: ¡¡¡Ahora el 5 de oro será mío y nadie podrá impedirlo jejejejejeje!!! (risa demencial).

Luego de unos cuantos sopapos de Marie, volví a la realidad. Ya mas repuesto regresamos pensando en lo bien que la pasamos ese día.

4 comentarios:

Mariolo dijo...

Que lindo, que bueno es leer tus relatos. Parece que uno va contigo.
Genial

pelado1961 dijo...

Ah, esta crónica me encantó.
¿La fuente aseguraba salud, prosperidad y buena fortuna????
Yo me tiro de cabeza!!!!!

Estuvo mortal esa "sicología del conquistador" que te mandaste, jajajajja.
Es verdad: las mujeres nos hacen creer cualquier cosa y nos llevan de la nariz.
Y lo peor de todo es que ya lo saben!!!!

Henry Wilt dijo...

Por la foto, ya veo que usted está "haciendo la cola" para el grifo.
Y no lo culpo, Don Ferchu!!!!

Anónimo dijo...

gracias por la info, en breve voy con amigas a Bahía y Morro ... tendremos en cuenta Itaparica, entonces ...