8 de noviembre de 2009
El viernes, para festejar mi exoneración de psicoanálisis, Marie me invito al concierto de Pollo Píriz Quinteto AVE! en el Planetario Municipal, a las 21, en la sala Galileo Galilei, si ahí, a dos jaulas de la del tigre y cinco de los monos.
A pesar que San
Pedro nos envío un bombazo de agua, no nos intimido para nada, estábamos decididos a ir, seguro que todavía sigue resentido por el trabajo que presente sobre violencia y religión. Parece mentira un hombre grande con ese tipo de berrinches…
El planetario se veía hermoso, con esa luz azulada que iluminaba su cúpula, un ave nos saludo desde las oscuras sombras que cubrían al zoológico. En el hall de entrada, había un manojo de personas tipo onda alternativa, todas parecían conocerse desde antes, nos dio la sensación de que éramos pollos de otro corral, más se acentuó ese sentimiento cuando fuimos a comprar las entradas, la cajera nos pregunto de parte de quien veníamos, los únicos “rara avis” éramos nosotros sin lugar a dudas. Nos hizo acordar cuando uno va a un casamiento y te preguntan si venís de parte del novio o de la novia.
Luego de esperar unos veinte minutos de pie, viendo con un niño inquieto abría y cerraba la puerta del auditorio hasta gastarle el aceite a las bisagras, entramos.
Creo que hacia más de 20 años que no entraba a ese lugar, lucía cambiado, no estaban las butacas tipo cine, sino unas sillas de plástico bastantes incómodas, cabe decir.
La noche virtual marcó el inicio de la función, allí estaba el cielo estrellado, sin nubes, volviéndome a maravillar una vez más de la majestuosidad del firmamento.
Absorto en mi contemplación de las estrellas, un gemido femenino retumbo en la sala, que se sumo a ruidos guturales, en un principio pensamos en los vivos de siempre que aprovechan la impunidad de la oscuridad para hacer su despliegue de idioteces, vaya a saber uno, quizás sea una respuesta irracional ante el miedo a la noche, un reminiscencia de lo primitivo, seguro que esos sujetos se hacían pichí en la cama.
Lo cierto que esos sonidos iban en aumento, el cielo iba amaneciendo…era parte del concierto, pucha, se me jodió la teoría. Ahora eran gritos, gemidos, parecía un lamento, como aquella canción del Cuarteto de Nos, sobre Tabaré… y se iba acercando más y más hacia nosotros y por la retaguardia para peor, eso me puso la adrenalina a mil, fue entonces que una idea terrible paso por mi cabeza poniéndome la piel de gallina.
Era la llorona del Parque Rivera que se mudó para Villa Dolores y venia a reclamar un alma para pagar la cuota del Sindicato de Aparecidos y Luces Malas, por sus gritos uno podía inferir que estaba muy atrasada en sus pagos.
-“¡¡A mi no me mires llorona, a mi no. Te juro que no escribí nada malo de vos en mi monografía. Llévate al flaco que se hizo el saco con el mantel de la abuela. Ese tiene pinta de jodido!!” – Iba a gritar desesperado, cuando una certera patada en las canillas de Marie me volvió a la realidad. Era la vocalista del grupo que así empezaba el primer tema del concierto.
En verdad, la mujer tenía una voz potente y buena cuando cantaba, pero otra cosa eran esos gritos guturales que la poseían, te juro que pensé llamar al cura Elizaga para que la exorcizara, después comprendí que así era la onda. No me gusto para nada, es mas, no me dejo disfrutar de los temas, algunos bastantes buenos, pero esos gritos me sacaban de clima continuamente.
El flaco del bajo, Juan Silva, la rompía, un genio, hizo de goma ese instrumento, daba gusto verlo tocar. Las explicaciones del Pollo Pirez a porque bautizaba los temas de su autoría, todavía no las entendí, menos aun su comparación de los minuanos con el cristal y que las sierras de Minas eran cristal forrado de pasto…en fin, tal vez no sea mala idea poner control antidoping después del concierto. Se manejaban con muchos códigos que tenías que ser de ese círculo de allegados. En un momento se pusieron a saludar a todos sus amigos y conocidos, o sea, a todos menos a nosotros que éramos como los colados de los cumpleaños de quince, salvo que en nuestro caso pagamos la entrada.
Lo cierto es que, el grupo suena bien, hubo temas como “Manrubio” y el de los “Piringundines de Minas” que me gustaron, curiosamente eran instrumentales.
La onda de este grupo, es tomar temas de la música popular uruguaya en clave de fusión, tomando elementos de nuestro folclore cielito, candombe, zamba, etc, y sumándole otros elementos como el free jazz, psicodelia, música clásica, etc.
El grupo estaba integrado por Pollo Píriz en guitarra, Berta Pereira en voz, Gonzalo Gravina en teclados, Pelao Meneses en batería y Juan Silva en bajo.
Otra cosa a resaltar es la buena acustica que tiene la sala Galileo Galilei, tal cual me lo señalo Mariela.
Me hizo acordar por momento, salvando las distancias, claro esta, al grupo Opa de Rada que escuchaba mi hermano Italo, allá por los años setenta. ¡Que grupazo OPA!




