8 de mayo de 2007
Días pasados escuchaba las declaraciones de los jugadores de Nacional después del partido contra el Internacional de Porto Alegre cuando de pronto, la siguiente afirmación, me cacheteó sin previo aviso:
-“...Cumplimos con el objetivo que era que no nos metieran tres goles...”-
Esa manifestación no escondía simplemente una estrategia de juego en base a una especulación, sino que revelaban además una actitud interior que muchas veces encontramos tanto en quienes nos rodean como en nosotros mismos.
El objetivo no era ganar, sino evitar ser goleados, con esa actitud no me extraña que el club de mis amores no esté peleando el campeonato...el Nacional de 1988 no pensaba así, no en vano era el “Rey de Copas”.
¿Pero que pasa cuando ya no se trata de un partido de fútbol, sino de la vida misma? Es decir cuando entran a jugar nuestros sueños, nuestras aspiraciones nuestros proyectos, en fin, nuestra felicidad.
Y bueh, no ganamos pero tampoco nos golearon...prefiero este empleo no gano mucho pero es seguro, mas vale malo conocido... no soy feliz pero tengo marido, me conformo con poco... y cuantas otras frases vamos asimilando que van obstruyendo nuestras vías de realización personal.
Vendemos nuestra riqueza interior al bajo precio de una precaria seguridad que, solo nos trae dolores de cabeza, angustias y miedos. Es como mantener una casa mal construida, apuntalando aquí, allá, para no derrumbarse, gastando tiempo y energías en algo que tarde o temprano caerá inevitablemente.
Créelo, no somos diferentes de Teresa de Calcuta, de Mahatma Gandhi, ni de otra gran personalidad que admires...¿Qué tal si Don José Gervasio, se hubiese conformado con seguir siendo un oficial al servicio de la autoridad española? ¿Y si el seleccionado de fútbol Uruguayo de 1950 se daba por cumplido con ser finalista en Maracaná? La historia sería otra, te lo puedo asegurar.
Nuestras actitudes y posturas afectan a nuestro alrededor, sino fíjate, cuando alguien adelgaza, no solo pierde kilos sino que hasta su actitud hacia el mundo cambia, desencadenando una serie de transformaciones a su alrededor. Es como cuando tiramos una piedra en un lago, las ondas se propagan por todo el estanque; lo mismo sucede cuando nos relacionamos desde una manera nueva, sorprendiendo a los otros a tal punto de sacarlos de esa somnolencia provocada por los hechos rutinarios de la vida cotidiana.
Por eso te digo, no te menosprecies, no te conformes, la mediocridad no va contigo, si renuncias a tu sueños, a tus proyectos, no solo te estas perjudicando a ti mismo, sino que le estas privando a los demás disfrutar de toda la riqueza que tienes para compartir.
Para redondear lo que les quiero transmitir los dejo con esta parábola del Águila Real:
Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de cor
ral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.
Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?
Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.
La vieja águila miraba asombrada hacia arriba. “¿Qué es eso?”, preguntó a una gallina que estaba junto a ella.
“Es el águila, el rey de las aves”, respondió la gallina. “Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes de él.”
De manera que el águila no volvió a pensar en ello., Y murió creyendo que era una gallina de corral.
No seas gallina... ¡Vuela alto!
EL FERCHU
-“...Cumplimos con el objetivo que era que no nos metieran tres goles...”-
Esa manifestación no escondía simplemente una estrategia de juego en base a una especulación, sino que revelaban además una actitud interior que muchas veces encontramos tanto en quienes nos rodean como en nosotros mismos.
El objetivo no era ganar, sino evitar ser goleados, con esa actitud no me extraña que el club de mis amores no esté peleando el campeonato...el Nacional de 1988 no pensaba así, no en vano era el “Rey de Copas”.
¿Pero que pasa cuando ya no se trata de un partido de fútbol, sino de la vida misma? Es decir cuando entran a jugar nuestros sueños, nuestras aspiraciones nuestros proyectos, en fin, nuestra felicidad.
Y bueh, no ganamos pero tampoco nos golearon...prefiero este empleo no gano mucho pero es seguro, mas vale malo conocido... no soy feliz pero tengo marido, me conformo con poco... y cuantas otras frases vamos asimilando que van obstruyendo nuestras vías de realización personal.
Vendemos nuestra riqueza interior al bajo precio de una precaria seguridad que, solo nos trae dolores de cabeza, angustias y miedos. Es como mantener una casa mal construida, apuntalando aquí, allá, para no derrumbarse, gastando tiempo y energías en algo que tarde o temprano caerá inevitablemente.
Créelo, no somos diferentes de Teresa de Calcuta, de Mahatma Gandhi, ni de otra gran personalidad que admires...¿Qué tal si Don José Gervasio, se hubiese conformado con seguir siendo un oficial al servicio de la autoridad española? ¿Y si el seleccionado de fútbol Uruguayo de 1950 se daba por cumplido con ser finalista en Maracaná? La historia sería otra, te lo puedo asegurar.
Nuestras actitudes y posturas afectan a nuestro alrededor, sino fíjate, cuando alguien adelgaza, no solo pierde kilos sino que hasta su actitud hacia el mundo cambia, desencadenando una serie de transformaciones a su alrededor. Es como cuando tiramos una piedra en un lago, las ondas se propagan por todo el estanque; lo mismo sucede cuando nos relacionamos desde una manera nueva, sorprendiendo a los otros a tal punto de sacarlos de esa somnolencia provocada por los hechos rutinarios de la vida cotidiana.
Por eso te digo, no te menosprecies, no te conformes, la mediocridad no va contigo, si renuncias a tu sueños, a tus proyectos, no solo te estas perjudicando a ti mismo, sino que le estas privando a los demás disfrutar de toda la riqueza que tienes para compartir.
Para redondear lo que les quiero transmitir los dejo con esta parábola del Águila Real:
Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de cor
ral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?
Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.
La vieja águila miraba asombrada hacia arriba. “¿Qué es eso?”, preguntó a una gallina que estaba junto a ella.
“Es el águila, el rey de las aves”, respondió la gallina. “Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes de él.”
De manera que el águila no volvió a pensar en ello., Y murió creyendo que era una gallina de corral.
No seas gallina... ¡Vuela alto!
EL FERCHU
Contacto: Ferchusonado@gmail.com

