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UNA DOROTEA COMO TANTAS...

8 de diciembre de 2009


ESTE CUENTO ESTA BASADO EN LA ESPOSA DE PAULINO, EL PERSONAJE DE A LA DERIVA DE HORACIO QUIROGA...SEGUN MI PERCEPCION.

La tarde del sábado era ideal para estar en la rambla, no rogándoles a las musas por una pizca de inspiración que me ayudase armar ese cuento. Mis ideas eran tan insípidas como el mate lavado que me acompañaba.
-"Dorotea, que voy hacer contigo, me estas sacando canas verdes"- Suspire, mientras el sofá contenía mis frustraciones.
-"¿Alguien me llamo?"- Preguntó una voz femenina, con acento de tierra adentro.
-"¡¿Quien esta ahí, sos vos Mariela?!"- Replique sorprendido.
-"No, Mariela no soy gaucho. Me llamo Dorotea pa lo que guste servir"-
-"¡Escucho voces... me saltó la térmica!" murmuré llevándome las manos a la cabeza.
-"Deje de parlotear como cotorra loca, Usted me llamó, no me diga que ya se arrepintió, justo ahora que me anime hablar..."-
Como salida de un cuadro de Blanes, allí estaba en el umbral de la puerta, me pidió permiso para sentarse y asentí con la cabeza. Le serví un amargo que apenas sorbió, hizo una mueca de asco, estaba frío, como yo, que no salía de mi estupor.
Avergonzado me disculpe, quise corregir tal descortesía, pero ella me hizo un gesto que no importaba, tenia algo muy importante que revelarme y no había tiempo que perder.
-"Adelante, la escucho"- le dije mientras abría mi libreta de apuntes.
-"Mire, todo fue por culpa mía, me lo merezco por bruta que me haya dejado mi marido."-
-"¿Por que dice eso Dorotea? No la entiendo. Al leer los párrafos me di cuenta que ese hombre la maltrataba...".
-"Un momentito, mi hombre jamás me hizo faltar un plato de comida, además de protegerme y darme un techo. De eso nadie habla, por eso estoy acá, para reivindicar su buen nombre. Era medio arisco sí, pero no era malo, las veces que me dio algún correctivo era porque lo cansaba con mis torpezas. Como aquella vez que solté la damajuana de caña, porque una tarántula cayó en mi brazo y largué todo del susto. Me dio una paliza que casi me mata, che.
-"Usted no hizo nada malo Dorotea, reacciono como lo hace cualquier persona ante el peligro. Fue un accidente nada más. El bruto fue su esposo al reaccionar así."-
No, no, eso me pasa por distraída. Como si fuera la primera vez que me sacudo alimañas como esas, mire, están por todos lados las muy sinvergüenzas.

Otra vez, mientras lavaba una camisa suya, se me rompió de tanto fregarla, es que estaba muy gastada vio, por mas que la remendé lo mejor que pude, el se dio cuenta y me casco con justa razón. Lo había
engañado."-
-“¿Por qué se empeña en justificar a ese tipo tan jodido?"-
-"El es un buen hombre, créame. Lo sé mejor que esos doctorcitos que lo fijaron en ese episodio. Ni la víbora que lo pico se ensañó tanto con el, como estos señores de palabras floridas. Solo por el placer de meterse en la vida ajena, mire, tomaron una cosa de nada y armaron terrible alboroto. Esa gente esta picada por el bicho de la envidia, no pueden soportar que mi hombre tenga los pantalones bien puestos, como Dios manda. Que quieren, lo había mordido una víbora, no es moco e pavo, mi íjo. Vivir en la selva es muy duro, sabe, no hay lugar para el cariño ahí. Hay que sobrevivir y punto."-
-"Dorotea, entiendo que la vida ese medio sea difícil, pero eso no le daba derecho para que la tratara como un trapo de piso. Menos mal que se alejo para siempre de su vida, debe ser un alivio para Usted sacarse esa carga de encima.
-"¿Como que no va a regresar?¿Qué dice?"-
- "Su marido murió por la picadura de esa serpiente, esta es la oportunidad para desarrollar su vida propia, sin tener que depender de nadie"-
-"Que va a morir por eso, por favor, un baqueano como el, no diga bobadas. Son bolazos, puros bolazos. Usted es un mentiroso como los demás, el volverá, me lo dijo el compadre Alves; el se fue a trabajar muy lejos y un día de estos, vendrá para llevarme con él.
Por eso, siempre lo espero con la comida caliente y el vaso de caña pronto. Ahora tengo que irme, no sea cosa que vuelva y no me encuentre por perder tiempo con Usted. Yo no aprendo mas...”-

Olor a Reducto,,,

26 de noviembre de 2009

Mis pies saben de memoria el camino al apartamento, lo que aprovecho para revolotear por mi mente, posándome en de cada pensamiento en forma aleatoria. La brisa suave de la tarde, trajo consigo un aroma familiar que corrió las páginas de mis recuerdos hasta dejarla en esas hojas, donde cuentan mis vivencias en la calle Ramón Márquez.

Como olvidar aquel jardín de flores y plantas multicolores, fruto de la dedicación amorosa de aquellas dos mujeres que con mayor esmero, también supieron cultivar mi alma.

Parece que fue ayer contemplar a Sandy, mi simpática collie, pasearse entre los canteros, buscando a su compañera de juegos, una vieja gata blanca con lunares negros.

Sobre un costado cerca de la puerta, estaba plantado el responsable de aquel perfume dulce que causaba admiración y envidia en los visitantes, es verdad, nadie pasaba indiferente ante su presencia. Era el regente indiscutido de ese mundo intermedio entre la casa y la calle.

En las tardes de verano, al amparo de su sombra, se armaban rondas de mate ya sea en familia o con los amigos. Cuantas historias contaría si hablara ese arbusto, pero como un monje cartujo las guarda en silencio.

Fue cómplice de mi galantería con las chicas del barrio, cuando atraídas por su fragancia, les obsequiaba un ramillete mas un piropo de yapa. Así conocí Andrea, mi primera novia de la adolescencia.

Varios aromas pugnaban por imponerse en aquel florido lugar, pero ninguno lograba superarlo, su máximo competidor provenía de la fabrica de café a la vuelta de casa, siempre a media tarde se colaba en nuestro hogar, cual si fuera una promotora intentando convencernos de las bondades de aquel producto del que solo mi hermano tenía cierta predilección.

La llegada de tiempos difíciles no solo disipó ese delicioso incienso, sino que además, enmudeció para siempre aquella sirena obrera que anunciaba el inicio de una nueva jornada.

Nuestro árbol quedo solo, como el último de una raza de seres mágicos capaz de conjurar los gases tóxicos que lanzaban esos monstruos de metal que iban de un lado para otro, sin sentido alguno.

Sus troncos delgados se alzaban al cielo, como una mano abierta de múltiples dedos verdes, ofreciendo con generosidad su deleitable perfume, por eso, todas las navidades lo condecorábamos con luces de muchos colores en reconocimiento a sus aromáticos servicios

Una vez más, volvieron a soplar vientos de cambios y esta vez, la copa de ajenjo estuvo servida en nuestra mesa. La venta de la casa fue la única solución viable para salir de esa angustiosa situación economica.

Mamá no encontraba consuelo, no podía llevarse todas sus plantas, sobretodo el jazminero que tanto habían cuidado con mi abuela, si bien se llevo algunos gagos con la esperanza que su perfume siguiera acompañándonos, estos se negaron a florecer. Una etapa llegaba a su fin y otra se abría, como esa flor de pétalos blancos, liberando su bálsamo de esperanza sobre nosotros.

De regreso al presente, tome unos ramilletes de jazmines de aquel puesto callejero y en un ritual de comunión, los olí una vez más y agradecí aquel jazminero que impregno con su fragancia esa etapa de mi vida.

EN TREN DE CUENTO

21 de noviembre de 2009

La estación lúgubre, relegada a un costado del puerto, duerme, sueña con volver a vivir tiempos mejores. Al contemplarla tan silenciosa como sus custodias de hierro, incondicionalmente fieles a ella, vigilan aún su entrada..
¿Pero que hacía ahí, en esa abandonada terminal de ferrocarriles pasada la medianoche?
Las vías oxidadas me confirmaban que había llegado muy tarde, el último expreso ya había zarpado hace mucho tiempo, llevándose a sus últimos habitantes … Me corrijo, una rata acaba de pasar entre mis pies, apurada, nerviosa, como otrora los viajeros corrían a los vagones para asegurar su partida sin demoras. Salvo que ella corría por demorar lo inevitable, desde las sombras, dos luces fantasmagóricas la siguen atentamente, no había escapatoria, su boleto estaba expirando. El drama de la vida y la muerte a mis pies y yo preguntándome de donde provenía ese hedor nauseabundo que, como un luchador aplicaba su llave trituradora a mis pulmones hasta dejarlos sin aliento. Había descubierto el baño de los indigentes que pernoctaban en el lugar.

Mientras caminaba en busca de aires más benignos, de forma inesperada fui encandilado por una luz que surgió de la nada, asustando a las sombras que corrían por todo el recinto a ocultarse entre los recovecos.

-“Permítame presentarme señor escritor, soy Luis González, el maquinista del Expreso Fantasmal. Quería ponerle tren fantasma, pero alguien me copio la idea y me ganó de mano, no se puede confiar en nadie, ni a los muertos ya respetan, mire. Disculpe que no le de la mano, es un problemita que tenemos los espectros con los corpóreos y viceversa.” - Así se dio a conocer ese singular espíritu petizo y retacón. Toda mi cara era una graciosa mueca, producto del asombro y la incredulidad de lo que estaba viviendo.

-“Un gusto”-Apenas balbucee mientras trataba de reponerme a la situación.

Como sí me conociera de años, allí mismo, me contó que por causas difíciles de explicar, aun para él que transitaba por el otro riel de la existencia, logró encontrar un empalme con las vías de este mundo y cada tanto vuelve con un objetivo, que alguien narre su historia y la de sus compañeros de viaje, tan fantasmas como el.

-“¿Por qué me eligieron a mí?” Hay tantos buenos escritores, yo recién estoy empezando, no sé si tendré las cualidades necesarias para ser un escritor. Te puedo dar algunos nombres- Le sugerí a mi interlocutor fantasmal, pero el movió su cabeza negativamente. Me manifestó que me habían elegido a mí por razones misteriosas que no podían revelar por mandato de fuerzas superiores.

-“Vamos, no podemos estar toda la noche esperando a que se decida, si no quiere déjalo, ya encontraremos a otro más dispuesto.”- Gritó una voz potente desde la locomotora espectral.

-“Callate Rodríguez, no apures al señor escritor, todavía no aprendiste lo que te paso por atropellado. Anda a vigilar la caldera, por favor.”- Retrucó molesto aquel maquinista etéreo.

Picado por la espina de la curiosidad, pregunté -¿Qué le paso a Rodríguez?

Luis me miró fijo y me lanzo una propuesta desafiante: -“Subase al Expreso y lo sabrá. Usted precisa un cuento, nosotros necesitamos alguien que escriba sobre nosotros. Entiende, tómelo o déjelo”-

No lo pensé más y acepté aquella oferta, parecía una buena historia, mejor de las que tenía en mente.

A medida que subía aquel vagón espectral, tenía esa sensación cuando te calzas por primera vez, zapatillas con cámara de aire.

El agudo silbato de aquella fantástica aparición, inició su partida de la que una vez fue la más importante estación ferroviaria del país.

Su andar era silencioso como una procesión rumbo a la cripta, ni siquiera se escuchaba el clásico ruido de las ruedas cuando pasan entre los tramos de los rieles. Era la quietud de lo que ya no tiene vida, esa era la atmósfera que reinaba en ese vagón.

-“Por favor, siéntese, póngase cómodo, perdone que no le sirva nada para tomar o comer, como vera hace tiempo que abandonamos esos habito”.- Se excuso Luis cortésmente.

Rodríguez, que hasta ese momento estaba mudo, suspiró nostálgico: - “Ah, lo que daría por volver a tomar unos amargos como solía hacerlo entre parada y parada. Me levantaba el ánimo, vio. Me ayudaba a completar la jornada, ahora se me hace interminable.”-

Aquella alma desgarbada, blanca como un mármol, me confesó que trabajaba en la compañía de trenes desde los doce años y se conocían con “el petizo”, como llamaba a Luis desde el primer día de trabajo, formando desde entonces, una amistad tan sólida como el acero de la locomotora que piloteaban. Eran un equipo de trabajo formidable, casi perfecto, si no fuera por ese error. Y allí calló abruptamente.

-¿Qué error Rodríguez?- le interrogué mirándolo fijamente a sus ojos como tratándole adivinar sus pensamientos.

Luis intervino en la conversación, excusándose por el silencio de su amigo, mientras lo consolaba, le repetía: -“Ya te perdone, amigo, ya te perdone.”-

Atrás de ellos, fueron apareciendo más figuras etéreas, todas iban entregándome sus historias que recibía con la solemnidad del caso.

Como una aparición angelical, entró Teresa, una mujer elegante, de delicadas facciones y tan pálida como la luna misma. Su rostro me resultaba conocido, ella era una pasajera, volvía a su hogar en Pando, pero nunca llego a destino. Solo me encargo que le comunicara a su familia que estaba bien y cuidaran mucho de su jardín que tanto añoraba.

Esas últimas palabras hicieron un clic en mi cabeza, de pronto recordé que mi abuela contaba sobre una hermana suya, muy bella, que había fallecido en un accidente de trenes cuando ella apenas era una niña y se llamaba también Teresa. ¿Sería ella?

-“¡¡La caldera, Rodríguez, la caldera!! ¡¡Otra vez te olvidaste otra vez de controlarla!!” – Grito el maquinista espantado.

Ambos corrieron hacia la sala de máquinas y yo atrás de ellos, tenía que saber de que se trataba el asunto ese de la caldera.

El pasador que controlaba la válvula de presión de la caldera maestra del tren, se había atascado, encaprichada se negaba a girar a pesar de los denodados esfuerzos de aquellos dos hombres por doblegarla. La velocidad iba en aumento, así como los latidos de mi corazón, pensé en tirarme, pero el miedo me paralizaba.

Los conductores se habían resignado a su suerte, total ya estaban muertos que otra cosa le podían pasar. Fue entonces que, guiado por mi instinto de conservación, tomé la bronceada llave niveladora con todas mi fuerzas y para sorpresa mía, cedió dócilmente, logrando de ahí en mas, el control total de la situación.

-“Ah, así funcionaba la cosa...tenia que ser un vivo quien girase la llave.” – expreso sobreactuando, el petizo González, mientras le hacía un guiño cómplice a su compañero.

-“Gracias escritor, nos liberaste de este circulo maldito en el que estábamos encerrados a revivir una y otra vez esta fatal instancia.”- Me agradeció Rodríguez, siguiendo la consigna de su compinche

Los demás pasajeros se unieron aquel festejo un poco exagerado por cierto, sin dejar de insistirme que narrara sobre ellos y esta noche en particular.

El tren se detuvo en la Estación Bella Vista, mi viaje había terminado. Agradecí a esas “ex – almas en pena” por haberme elegido como el portador de sus historias, prometiéndoles que cumpliría con sus deseos.

-“Hasta acá llego su viaje amigo, de aquí en más todo queda en sus manos si quiere dar a conocer nuestra historia. No olvide que la promesa dada a un occiso es un hecho, además de traerle toda la mala suerte habida y por haber.”- Me advirtió aquel viejo y bandido maquinista.

-“Todo fue una mentira para lograr lo que querían, que escribiera sobre ustedes. No se si alegrarme o lamentarme que ya no estén entre nosotros”- Le respondí

El sonrió y se despidió: -“Siempre vamos a estar entre ustedes, siempre. Algún día nos volveremos a encontrar. Adiós.”-

-“Esperemos que no sea pronto, adiós amigos”- Les devolví el saludo desde el anden de la estación, mientras desaparecían en un fogonazo de luces amarillas, verdes y rosadas.

EL FERCHU

Comparto con Ustedes este cuento de mi creación, sepan disculpar algunos errores de sintaxis u forma de escritura, estamos dando los primeros pasos "mas en serio" en este arte que es la escritura.


SAN ONOFRE Y YO

20 de junio de 2007


El meteorólogo anunció conjuntamente con el estado del tiempo, que ese día estaba dedicado a San Onofre; en fin, ya no cabe la menor duda que dar un pronostico del tiempo acertado por estas latitudes es un verdadero acto de fe.
Fue entonces que recordé. San Onofre y yo fuimos compañeros de trabajo....no, no soy un santo, aunque mi madre así lo crea después bajarse media botella de anís.
A pesar de conocerlo por estampitas, fue en la automotora donde empecé a codearme con el Santito . Al principio, estaba en la oficina de los vendedores, como apoyo espiritual, hasta que lo ascendieron a las oficinas por los favores concedidos a la empresa. Pero el motivo real de su asenso fue aplacar posibles represalias divinas, dado que algunos sacrílegos empleados le tomaban la caña y le fumaban los cigarros, provocando una sangría en los bolsillos del dueño de la empresa, el santito consumía como si tuviera un motor de ocho cilindros y fumaba más que un murciélago. Entonces, se decidió ubicarlo discretamente en la oficina, debajo de la mesa del fax, donde el mueble ofrecía un espacio ideal para que San Onofre pudiera estar tranquilo esparciendo sus buenas ondas, lejos de posibles profanadores que comprometieran las buenas relaciones que mantenía con la empresa.
La esposa del dueño de la automotora pronto se auto-proclamó en la única sacerdotisa autorizada del santito, propinándole así toda clase de cuidados, que debían ser ejecutados por sus subalternos, es decir, además de cumplir con las tareas propias de la empresa, también éramos una suerte de monaguillos de San Onofre, dichas tareas honorarias, consistían en vigilar que no quedara vacía la copita de caña, prenderle velas y/o un cigarrillo, ritos que se hacían muy seguido cuando las ganancias parecían no ser suficientes para exorcizar a la legión acreedores que acechaban sedientos del vil metal.
Y curiosamente siempre salía una venta que salvaba el día, todo era gracias a San Onofre que obraba el milagro a tiempo. ¿Para que gastarse una fortuna en estudios de marketing para colocar exitosamente tus productos en el mercado, cuando la clave del éxito está con solo prenderle una velita al santito de tu predilección?
Pero un día llegaron las dificultades, alguien cometió la torpeza de patear la mesa del fax con tanta mala suerte que el santito se quebró...un silencio terrorífico se apodero de todos, no sabíamos que era peor, si la maldición de San Onofre, que afectaba directamente tu billetera o que la jefa se ensañara contigo, que era mas o menos los mismo.
Hubo que hacer un ritual para restablecer aquel orden destruido, se compro una nueva imagen de San Onofre y se lo obsequiamos a los jefes, pues así debía ser para obtener nuevamente sus favores y sosegar ánimos celestiales y humanos.
A pesar de seguir estrictamente el ritual de restauración y la sacerdotisa en persona se dedicó a prestar funciones de monaguillo, nunca volvió a ser igual...el ritmo de ventas empezó a disminuir inversamente proporcional al aumento de velitas, cigarrillos e incienso de todos los olores.
Algunos especularon que fue un sabotaje de la automotora de la otra cuadra, dado que ellos eran devotos de San Jorge y movidos por la envidia, contrataron a un iconoclasta a sueldo, fáciles de encontrar en cualquier iglesia evangélica para llevar a cabo tan funesto encargo.
Otros, creyeron que tanto alcohol al que fue sometido San Onofre, terminaron induciéndole a un coma alcohólico que le provocó tal caída y así, en ese estado, le fue imposible poder ayudar a tiempo.
Y hay quienes pensamos que, San Onofre, simplemente se dejo caer, para hacernos entender que no podemos vivir esperando un milagro que pueda cambiar nuestras vidas, pues nosotros mismos somos ese milagro. ¡Despierta, Felicidad Eres Tu!